domingo, 6 de diciembre de 2009

Adios Lic. Bartlett

Pongo a su disposición el artículo completo del que les leí unos fragmentos en la semana, publicado pocos meses antes de la firma del ANMEB. Como lo recuerdan està tomado de la revista Cero en Conducta, la cual recomiendo ampliamente dada su calidad; por cierto tiene un sitio en la red de redes. No ofrecen los artículos pero sì en cambio venden todos los nùmeros excepto el primero que está agotado. Por cierto llamo su atenciòn sobre el nùmero 54, en el que se incluyen artìculos que entran en el ámbito de la materia de Educaciòn comparada.
Va pues el texto:
Adios Sr. Bartlett

El retraso con el que aparece este número de Cero en Conducta nos permite comentar un hecho que no corresponde cronológicamente con su periodo, pero su importancia nos impide dejarlo pasar sin realizar un comentario alusivo. Nos referimos a la salida del Lic. Manuel Bartlett Díaz del puesto de secretario de Educación Pública.
Su repentina pero esperada salida de la SEP, colocó al sector educativo ante el tercer sexenio consecutivo en el que los secretarios de educación que lo inician no lo concluyen, lo que ha provocado, entre otras cosas, que el proyecto educativo elaborado en los años setenta, pese a las reiteradas críticas de que es objeto, se mantenga vigente, lo que constituye un signo evidente del estancamiento de la educación nacional.
La salida de Bartlett que en principio parecería alarmante, pues ratifica la tendencia anteriormente mencionada, representa en realidad un respiro ante una situación que cada vea parecía más preocupante, pues brinda la posibilidad de ajustes y reorientaciones a la política sectorial que permitan el tránsito a una verdadera modernización educativa.
La estancia del Bartlett al frente de la SEP se desarrollo en medio de grandes pugnas al interior de los diferentes equipos de la secretaría que pretendían privilegiar su propuesta, provocando bandazos y bruscas rupturas que finalmente se resolvieron en una orientación derechizante y conservadora de la educación nacional, muy diferente a las enunciadas pretensiones modernizadoras. En esta lucha soterrada lo que prevaleció fue el problema del poder y no el debate que estaba implícito en la postura de los diversos grupos.
Su gestión se caracterizó por un discurso populista en el que la consulta al magisterio aparecía siempre como el principal ingrediente, pero éste en su conjunto nunca se sintió consultado y menos aún copartícipe de las nuevas propuestas. Los sectores involucrados en la llamada prueba operativa veían con sorpresa y molestia como la acción del pequeño grupo de CONALTE (Consejo Nacional Técnico de la Educación), responsable del Modelo educativo y los Perfiles de desempeño, desplazaba las líneas básicas de la modernización y los colocaba en un papel de comparsa cuando ellos asumieron la importancia de su participación.
El Modelo Educativo considerado como bueno por Bartlett al abandonar la titularidad de la SEP, es un documento que junto con los perfiles de Desempeño nunca pudo reflejar la realidad escolar y proponía, desde una perspectiva totalizadora, regular el conjunto de las fuerzas educativas de la sociedad, tarea imposible para la escuela y el maestro. Su fundamentación teórica, que descansa en una extraña mezcla de metafìsica y cibernética no constituyó nunca un soporte serio para una propuesta de transformación educativa, por lo que esperamos sea sólo conservado formalmente por situaciones políticas y que rápidamente pase a ocupar un lugar en el museo de los horrores de la educación.
Sin embargo su aparición en la escena educativa debe prevenirnos de los intentos de incorporar a nuestro país las tendencias derechistas y conservadoras que predominan en la educación de algunos países desarrollados, las que han sido denunciadas y combatidas por educadores e investigadores como Henry Giroux, Miche Apple y otros más. Sin duda se trata de un esfuerzo frustrado por su mala calidad y confusión, pero que nos alerta sobre las intenciones de algunos sectores de modernizarnos por la vía del conservadurismo.
Otro rasgo de la gestión de Bartlett fue su menosprecio por los aportes de la investigación educativa, ya que en las diversas instancias de la EP se achacaba de varias maneras a los investigadores mexicanos la responsabilidad de la reforma de los años setentas, considerada como eminentemente memorìstica, por lo que fue tomada como antagonista de la pretendida modernización, dejando de lado los avances que en el campo de la investigación se han realizado en los últimos 15 años. Esta perspectiva anti-intelectualista se expresó con calidad en la forma en que se elaboraron los libros de texto de la prueba operativa y en el menosprecio a las opiniones críticas que respecto a ellos formularon diversos científicos del paìs. Afortunadamente esos libros de texto han sido detenidos.
Las reacciones ante su gestión fueron diversas y encontradas. Mientas que sectores de la jerarquía eclesiástica, escuelas particulares, confesionales y asociaciones de paterfamilia de reconocida filiación conservadora, consideraban que por fin eran tomados en cuenta en la gestión del secretario, otros sectores, entre los que sobresale el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cambiaron su política de tradicional apoyo a las reformas oficiales, difundiendo a fines del año pasado un documento denominado “Modernizar la Escuela. Siete acciones prioritarias”, en el que asume una actitud propositiva y llama la atención sobre la necesidad de una reorientación de la política oficial. Esta actitud propositiva debe extenderse a todos los espacios sindicales y académicos. Ahí donde haya un maestro, ahí donde esté un maestro, ahí donde esté una escuela, el debate sobre los rumbos de la educación debe desarrollarse de manera abierta, pues los retos que hoy confrontamos tiene que ver contados, pues está en juego la necesidad de avanzar en México hacia la construcción de una sociedad democrática, de una educación para la democracia y en la democracia, algo sobre lo que nadie tiene, ni puede tener, la verdad absoluta.
La salida del Lic. Bartlett da lugar a la esperanza de que la educación nacional tome otros derroteros. No hay aún elementos suficientes para valorar la gestión que realizará el Lic. Ernesto Zedillo, pero nos parecería saludable que, en esta ocasión, se siguiera la tradición de otros relevos en educación de abandonar la obra de su antecesor y diseñar un nuevo programa. La alusión a los programas emergentes nos parece alentadora. La educación nacional debe dejar de lado la improvisación, nuestras políticas educativas deben ser una combinación de atención a los problemas inmediatos, con el diseño reflexivo de políticas de mediano plazo que vayan más allá de la lógica sexenal y permitan modificaciones sólidas, discutidas con los educadores, con los científicos e investigadores, con la sociedad civil en su conjunto.


Fuente: Revista Cero en Conducta, México, año 6, # 28, noviembre-diciembre de 1991, pp.1-2.



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